18 de juny de 2017

espacios habitados 'reloaded'

Andrea Pala pone en marcha, con un nuevo formato, un interesante blog al que ya nos referimos hace un tiempo, con el objetivo de ofrecer una mirada diferente sobre la casa. Espacios habitados tiene su origen en el homónimo trabajo final de máster de Andrea defendido en el MBArch.


«Actualmente nos hemos acostumbrado a escenografías de vidas perfectas, creadas ad hoc para revistas de arquitectura y design, que no son capaces de transmitir la esencia de un ambiente doméstico. Habitar es algo más profundo que la simplificación publicitaria de un “producto casa”.



Espacios habitados es un proyecto de investigación que pretende abordar el tema del espacio doméstico desde la perspectiva de quien lo habita y estudiar las dinámicas que se desarrollan dentro del ambiente íntimo y privado de la casa.

Para lograr este propósito la investigación se posiciona en el contexto de las artes gráficas que, a diferencia de la propia arquitectura, parecen representar de forma más reveladora la esencia del hogar. De hecho, los artistas que trabajan en estos medios muestran una sensibilidad y un interés mayor por el habitante y su manera de habitar el espacio».

(gracias Andrea)

2 de juny de 2017

un Mies a la rehabitació (que no és rehabilitació)

Rehabitar. L'edifici guanyador dels premis Mies és un testimoni arquitectònic d'aquests temps d'escassetat de vivenda social i sistemes constructius rígids


Juli Capella. "Només la mentida és lletja"El Periódico, dilluns, 29 de maig del 2017



Aquest any el premi al millor edifici europeu a penes ha sortit a la premsa. Perquè és francament lleig, no té bones fotos. I ni tan sols és nou, es tracta de la rehabilitació d’un bloc lineal de 500 apartaments a Amsterdam. Estil suburbi dels anys 60 en formigó gris. Un bloc tan anodí com els de la Mina però més llarg, de gairebé mig quilòmetre i 11 plantes. I per acabar-ho d’adobar no era de Foster, ni de Nouvel o Hadid ni de ningú conegut. Correspon a dos ignots estudis holandesos. Tot i així, ha guanyat perquè el seu concepte és més potent que la seva forma i ha evitat la seva imminent demolició.

No estem en èpoques de tirar res, tampoc edificis. Se’ls va acudir que aprofitant la carcassa es podria experimentar una nova tipologia per al segle XXI. Els inquilins hi van participar modelant el seu hàbitat, escollint la seva distribució.
Els arquitectes van posar la tècnica i la creativitat al servei de l’usuari i no del seu ego. Un treball dur per a segons qui. I també van decidir convertir la planta baixa, a peu de carrer, en un espai relacional per donar dinamisme al barri. Tot per 1.200 euros el metre quadrat, una cosa realment insòlita. Segons el jurat, un exercici «heroic i ordinari al mateix temps». Certament, ¿per què ha de ser tot extraordinari?

No crec que aquest edifici sigui ni millor ni pitjor –més lleig sí– que tants altres que han anat desfilant pels premis Mies, que per cert s’atorguen a Barcelona des de la seva creació, el 1988. Però sí que és un excel·lent testimoni dels temps que corren: escassetat de vivenda social, encotillament amb plantes obsoletes, sistemes constructius rígids. És un oportú toc d’atenció a la política de vivenda social, que per fi sembla agitar-se després de dècades d’abandonament.

Respecte a la lletjor, Gautier ja va manifestar que tot el que és útil havia de ser necessàriament lleig, només pot ser bell el que no serveix per a res. Rodin, en canvi, opinava el contrari, no hi ha res lleig en l’art sinó allò que no té caràcter, el que no ofereix cap veritat.

23 de març de 2017

arquitectura desde las paredes (y desde los conductos de ventilación)

 

Piratas del espacio

El uso inesperado del espacio a través del cine de acción

Trabajo final de máster de Hugo Muñoz Gris, MBArch, octubre 2016


Performance en el Barbican, NY, Trisha Brown, 2011

De la introducción al trabajo_ "El cine de acción sabe cómo sacar partido a la arquitectura. Sus personajes, al amparo de la ficción, trascienden los condicionantes propios del uso de los espacios construidos, practicando una forma de habitarlos que va más allá de su uso común, sus normas y convenciones, abriendo pequeñas grietas en la realidad por las que el espectador, asombrado, descubre que existen otras formas de moverse por el mundo. Esta poco ortodoxa forma de aprovechar el espacio lleva el protagonismo a sus capas internas, a sus debilidades y potencialidades ocultas, a los ámbitos restringidos, a los usos imprevistos y, en definitiva, a las mismas tripas —literal y metafóricamente— de la arquitectura.


Die HardJohn McTiernan, 1988

En su práctica, estos mismos personajes son capaces de utilizar los elementos que componen esas tripas de manera inusitadamente espacial, haciendo que algo originalmente tan anodino a tal efecto como un conducto de ventilación pase a ejercer de corredor, una forma creativamente inesperada de llegar de un punto A a un punto B, como se recoge en el fragmento del guión de La jungla de cristal (1988) que abre este trabajo. Y hacerlo, además, de manera más eficiente que las rutas previstas en el diseño de ese espacio en el que se mueven.


The Matrix, Lana y Lilly Wachowski, 1999

Dicho movimiento se describe mediante términos que serían en principio poco habituales en un relato habitual el habitar, como los verbos holding (agarrándose), clawing (aferrándose) o crawling (arrastrándose); los ámbitos pump room (sala de bombeo) o air shaft (pozo de ventilación); o los elementos ledge (plataforma), catwalk (pasadizo) o duct (conducto). Este último siendo de especial interés, de nuevo, cuando la acción descrita en el guión lleva al protagonista (John McClane) a su interior en su huida del enemigo (Karl) y lo que antes se denominara como un elemento de instalación pasa a ser expuesto como un corridor (corredor). De hecho, leyendo únicamente la entrada número 129 (y obviando su título), la impresión que devuelve es la de un largo pasillo que termina en la oscuridad. Este tipo de exploración y conquista espacial es la que caracteriza, por encima de todo, este género cinematográfico, y tiene lugar tanto en la navegación de los interiores de los edificios como en el movimiento por los exteriores urbanos".


Piratas del espacio. El uso inesperado del espacio a través del cine de acción
Trabajo final de máster de Hugo Muñoz Gris, MBArch, octubre 2016
Director: Pere Fuertes
Disponible online en UPCommons.

7 de març de 2017

¿todavía es lícito construir?

Hay ya arquitectos que, desde el proyecto, se plantean la lucha contra un mercado que está destruyendo el alma de la ciudad


Patricia Gabancho, El País, Barcelona, 5 marzo 2017

En ese desierto perpetuo que es el Arts Santa Mónica de Barcelona —una buena programación sin respuesta de nadie—, Aftermath representa la presencia catalana en la Bienal de Arquitectura de Venecia. La selección muestra “una nueva manera de hacer arquitectura” a partir de películas rodadas entorno a actuaciones concretas para transformar los edificios (o lo que sea) filmados en experiencias. No muestra la arquitectura, como se le supone a una bienal, sino el efecto de la construcción sobre el territorio y sobre las personas. No seré yo quien diga que esto no es inteligible para el espectador que se pasea entre las pantallas tratando de desentrañar lo que no deja de ser una formulación intelectual increíblemente sofisticada. Pero es difícil salir de la exposición con una idea clara de qué es exactamente lo que se nos está diciendo. Es la provocación implícita en una bienal, donde no cabe lo convencional.

Espacio vecinal en Sant Muç, Rubí, participado por los estudiantes de la ETSA Vallès.

Vayamos más allá. Los alumnos de arquitectura del Vallès presentan un prototipo de edificio barato, sostenible, casi portátil, que se planta en esas aberrantes urbanizaciones que estaban de moda años atrás. Sirve para improvisar un centro cívico y corregir así un error de concepto. La gente se dejó engatusar con el estilo de vida americano, barbacoa y jardín, y se fugaron de la ciudad hacia la casita aislada, sin barrio, sin centro, sin equipamientos, sin nada. Por eso estos futuros arquitectos instalan en un plis-plas un centro cívico prefabricado, sin ningún ornamento, para que, por arte de magia, les devuelva a esos habitantes de la nada la noción de comunidad activa, de capital social.

Otra experiencia insólita. Una cooperativa construye en los aledaños de Can Batlló un edificio de propiedad compartida, es decir, nuevas formas de acceso a la vivienda, muy asequibles, a cambio de renunciar a la propiedad transmisible en herencia. Lo insólito del caso es que el edificio es de madera. No estoy segura de que esta construcción sea lo más sostenible: algún bosque del Vallès se esfumó mientras hacían naves en las Drassanes de Barcelona. Significa, en todo caso, que un grupo de arquitectos ha decidido romper las normas, quebrar la sacrosanta propiedad y buscar materiales nobles que en otros países son habituales. Algo está presionando a la profesión para que salga de los carriles, para que vaya más allá, para que piense antes de construir. Se está planteando, ya desde el proyecto, la lucha desigual y titánica contra un mercado desbocado que está destruyendo el alma de la ciudad y que ni las buenas intenciones municipales, que son genuinas, parecen poder frenar.


Cooperativa de vivienda en cesión de uso La Borda.

La pregunta es, entonces: ¿es lícito que un arquitecto de fama firme el proyecto del hotel de las Drassanes, con todo el barrio en contra? O, por poner otro ejemplo, ¿es censurable el arquitecto que rehabilita un bloque para hacer pisos de lujo cuando sabe que de ahí fueron expulsados vecinos que no podían pagar el nuevo alquiler? Pregunto teniendo delante el libro que Pati Núñez —comunicadora incansable— ha dedicado a Josep Antoni Coderch, figura tan admirada como controvertida, tan singular como incómoda. El libro reúne entrevistas con colegas que trabajaron con él de jóvenes y que ahora hablan con libertad. Coderch era aristócrata y franquista cuando los cachorros de la arquitectura estaban en las antípodas; era malhumorado y genialoide, era atrevido en los diseños pero tenía siempre un pie en la sabiduría popular. Era tradición transformada en elegante modernidad.

El libro descubre una utopía inédita de Coderch. Estaba obsesionado por cómo la gente vivía en los edificios, le importaba más el interior que la fachada. Y, ya maduro, empieza a jugar con una idea: que las plantas de los edificios construídos como bloques fueran flexibles para que una habitación periférica pudiera cambiar de amo según las circunstancias de la familia: para que el propio piso creciera o menguara según las necesidades. Es revolucionario y colectivo, y no prosperó. Eso pergeñaba Coderch mientras construía edificios notables y mientras sus alumnos dibujaban bocetos de una carrera todavía por llegar, todos finalmente consagrados. Hoy, la ruptura está en el efecto público (y discutido) de aquello que se construye. Por cierto, la enhorabuena al equipo RCR por el premio Pritzker: obra poética, arraigada, contemporánea. ¿Qué es la arquitectura? “Entender la vida”, responden.

Patricia Gabancho es escritora

10 de gener de 2017

espacios habitados

una mirada diferente hacia el espacio doméstico de la casa


Andrea Pala pone en marcha un interesante blog con el objetivo de ofrecer una mirada diferente sobre la casa. Espacios habitados tiene su origen en el homónimo trabajo final de máster de Andrea defendido en el MBArch.



En su post inicial, Andrea nos recuerda la naturaleza compleja del hogar en palabras de Juhani Pallasmaa, quien afirma que “la descripción del hogar parece pertenecer más a los ámbitos de la poesía, la ficción, el cine y la pintura que de la arquitectura”.

"Hoy en día, estamos acostumbrados a ver escenografías de vida perfecta, creadas ad hoc para revistas de arquitectura y design, que no son capaces de transmitir la esencia de un ambiente doméstico. La visión que el arquitecto tiene de la casa está generalmente relacionada con una mirada metódica, simplista y funcionalista, a través de la cual el proyectista quiere controlarlo todo.

La búsqueda de una mirada diferente nace de la exigencia de poner en énfasis la importancia del habitante en la construcción del espacio-casa, manifestando la necesidad de encontrar un nuevo punto de vista, capaz de dejarnos entrar en los espacios habitados por la gente y descubrir las costumbres, los escenarios y los rituales a la hora de vivir la casa.

Se busca una mirada que intenta captar la presencia del habitante, en lugar de enfocarse en los límites físicos del soporte; una mirada que analiza la capacidad del espacio de poner en escena la vida en su interior, en lugar de analizar la eficiencia de su arquitectura. Esta mirada es aquella del mismo usuario que se ocupa de fotografía, arte, sociología, literatura, etc., y que utiliza sus medios para expresar la inquietud y satisfacer la curiosidad respecto al mundo íntimo y privado de la casa".



Desde aquí muchos ánimos Andrea y suerte con Espacios habitados! P


20 de desembre de 2016

the village that just wants to share

by Jane Wakefield for BBC News
11 December 2016

Aerial view of the village, (c) Carlo Ratti Associati

An abandoned military village in Germany could get a new lease of life as a hippy commune fit for the 21st Century


Patrick Henry Village, near the German city of Heidelberg, was not born to hippy ideals. In fact, it was opened by the US Army as a military base after World War Two, and was described by those who lived and worked there as a tiny slice of 1950s American transported to Europe. It was closed in 2013, and since then the German government has pondered what to do with it.

The vision, says Prof Carlo Ratti - who runs the design company Carlo Ratti Associati and heads up the Massachusetts Institute of Technology Senseable Cities lab - is to transform it into an "experiment for future living".

"We need to try out different things - that is important as architects and engineers - because it is how human society progresses," he tells BBC News.

"We started this project with a question, 'What would a commune based on digital sharing look like?' And an island of America in Europe seemed like a good test bed."

The commune will have small "fab labs", where things can be built, (c) Carlo Ratti Associati

If the vision becomes reality, residents will share accommodation and workspace and produce their own food and goods. It aims to accommodate 4,000 people in a 1-sq-km (0.4-sq-miles) site.

"It may resonate with a certain demographic, such as students and entrepreneurs, of which Heidelberg has many," says Prof Ratti. But it will be open to everyone, and potential residents are likely to be invited to submit their reasons for wanting to join online, with the community voting on who comes to stay.

At the heart of the commune will be the Maker Square, an area dedicated to digital fabrication. The maker movement is a trend for individuals and groups to create products from recycled electronics or other raw materials. Increasingly, it is making use of modern technology such as 3D printing to create cottage industries that can mass produce.

There will be a maker palace for artists and musicians, (c) Carlo Ratti Asociati

For Prof Ratti, a communal way of life is not just more sustainable but more sociable. "If you live in a big city, you have access to lots of like-minded people, but in smaller communities you may only have a few thousand," he says.

"So why not create a like-minded community where it is easy to connect with people and sharing is the glue?"

His ideas were recently presented at German design exhibition Internationale Bauassstellung. IBA, the group that will ultimately decide what happens on the site, also heard proposals from other groups, including a car-sharing service to connect the site to Heidelberg using self-driving shuttles.

"It's about a process of transformation that we want to trigger," says Prof Kees Christiaanse, who works on the project. "Today, we are experiencing an atomisation of economic activity in ever smaller units that work complementary to large global firms. "Increasingly, we are depending on highly specialised small-scale enterprises.

"Carlo proposes a kind of infrastructure for these cross-fertilisations to take place, which will be of great value for developing the site."

Living and working space will also be communal, (c) Carlo Ratti Associati

Whether the project can create a truly sharing community remains to be seen, but marketing expert Prof Russell Belk thinks it is important to work out why people want to share in the first place.

"A sharing economy is more about short-term rental, via services like Uber, Airbnb or Zipcar," he says. "True sharing is more like what happens within the family and in some non-profit communal sites like CouchSurfing and Majorna [a volunteer car-sharing service in Gothenburg]."

"Part of the difference is whether there is a sense of community and caring rather than simply convenience. "The commune sounds to be somewhere in-between". "Most sharing ventures are not long-term operations unless they have economic as well as social incentives."

Experimental living around the world


The Farm: founded in Lewis County, Tennessee, by 300 "flower children" from San Francisco, this commune is now America's oldest. Still home to about 200 people, it maintains its original values of non-violence and respect for the environment. 

Christiania: probably Europe's most famous, this commune is a neighbourhood of about 850 residents in the Danish capital, Copenhagen. Temporarily abandoned in 2011, it is now open again. It has been a source of controversy for the Danish government since it opened in 1971, largely because of its cannabis trade. 

Arcosanti: this experimental town was built in the 1970s in an attempt to fuse architecture and ecology. All the buildings are designed to work in harmony with their environment, many reflect the changing seasons so a maximum amount of sunlight penetrates during the winter and very little during the hot summer. Many also make use of solar power for heating, cooling and electricity. 

Auroville: this city in southern India set up in the late 1960s to work towards "human unity" and the "transformation of consciousness". Seen by many as a microcosm of experimental world peace, its 2,000 residents come from 40 different nations. 

Findhorn eco-village: set up in the 1960s, this village in Scotland decided in the 80s to concentrate on being an environmentally friendly community and now claims to have the smallest environmental footprint of any town in the modern world. Buildings are made from found materials - such as whisky barrels - and the village is powered by a wind turbine and a water treatment plant that makes use of algae, snails and plant life to purify the community's water supply.